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viernes, 8 de junio de 2012

CUATRO MUERTES PARA LIDIA


CUATRO MUERTES PARA LIDIA
ENRIQUE PÁEZ
Paralelo Cero 73
Editorial BRUÑO
Marzo 2012
128 Páginas
8,90 euros

            “Todos los viajes  contienen la vida, y encierran muerte.”
                                                                            La odisea /  Homero
                
Cuatro muertes para Lidia  (Bruño, 2012) es, sin duda alguna, la obra más profunda y conseguida del escritor madrileño Enrique Páez. Desde las primeras páginas, el lector descubre que se trata de una novela dura y realista, escrita con pasión y buen gusto, que no deja indiferente a nadie.
                La novela arranca cuando la joven Lidia, acorralada por un círculo de fuego, debe abandonar su casa de la infancia y emprender un viaje en busca de su madre, acompañada por su padre y por su hermano Carlos, que es deficiente. En realidad, se trata de un viaje sin retorno, de una “odisea” apocalíptica hacia el “sur”, de una huida desesperada a través de  un desierto cubierto de ceniza. En ese infierno sin vida, les esperarán duras pruebas que tendrán que superar (campos arrasados por el fuego,  falta de  comida, ataques de lobos y de ratas, un fuerte tornado…), pero también encuentros inesperados  (como les ocurre a la llegada del sanatorio de Punta Lanza o al final del libro). Ambas cosas – pruebas y encuentros- harán que la protagonista vaya lentamente madurando, haciéndose mayor  antes de tiempo, a base de golpes  y de  dolorosas pérdidas de personas queridas.
                Según mi mirada, El último libro de Enrique Páez puede interpretarse de distintas maneras, ya que presenta distintos niveles o estratos de lectura:
                En primer lugar, la novela puede leerse como una distopía, como una historia de “supervivientes”, al estilo de La carretera de  Cormac McCarthy, donde un padre con sus hijos recorre un paisaje quemado, sumido en el abandono más absoluto. Las similitudes entre ambos libros son evidentes. Sin embargo, creo que la intención última de Enrique Páez es muy distinta a la del autor norteamericano. No se trata de un plagio, sino de una coincidencia emocional.
                En segundo lugar, la obra puede entenderse como un relato de maduración, donde la  protagonista debe realizar un viaje iniciático, aunque sea a su pesar.  Así,  la joven debe abandonar la confortable casa de la infancia y atravesar un desierto arrasado por el fuego  y la muerte para encontrar su verdadera personalidad. La historia de Lidia, por tanto, sería la cualquier adolescente. Necesita morir, dejar cosas atrás, para poder crecer.
                Yo, sin embargo, prefiero interpretar la novela como una metáfora de un estado de ánimo, de una “noche oscura de alma” (con final feliz).  El autor dedica mucho tiempo a describir el mundo apocalíptico por el que caminan los protagonistas, incapaces de aceptar la muerte. La ceniza, las ratas, el humo, el barro, los lobos, las llamas, los árboles carbonizados,… tejen una tupida red de significados, con connotaciones profundas, mucho más interesante a veces que las acciones que los personajes realizan.  Y es que, a pesar de su apariencia realista, la novela posee un fuerte simbolismo. Por ejemplo, el fuego- que aparece por todas partes en el libro- debe interpretarse como el tiempo que lo destruye todo; los buitres que persiguen a los protagonistas,  como presagios o heraldos negros de la muerte; el mar, como el punto de llegada y de esperanza…
                En cuanto a los aspectos formales, me parece que el autor elige con acierto el punto de vista narrativo: una voz sincera en primera persona, que nos permite adentrarnos en los sueños y  secretos mejor guardados de la mente de Lidia. Aunque el lenguaje utilizado por ella es en ocasiones demasiado elevado para una chica de su edad, la novela fluye con naturalidad y se lee bastante bien. Asimismo, me gusta cuando Páez recurre a las imágenes poéticas en las descripciones, ya que las utiliza con acierto y elegancia.  En ellas podemos descubrir no sólo un buen contador de historias, sino también un  escritor con oficio.
                ¿Gustará al público juvenil  Cuatro muertes para Lidia?
                Yo creo que sí. Los adolescentes no sólo buscan leer amores imposibles  en tierras exóticas, ni puertas a templos de fantasía vacía… También necesitan libros para identificarse, para conocerse a sí mismos, para afrontar las duras pruebas de la vida.
                La última novela de Enrique Páez es uno de esos libros. ¡Enhorabuena, maestro!

lunes, 20 de febrero de 2012

RESEÑAS DE LIBROS / LA ISLA DE LA TELEVISIÓN


LA ISLA DE LA TELEVISIÓN
César  Fernández García
Ediciones PALABRA, 2012
Colección Mochila de Ástor
Serie negra, nº 22
Precio: 8,40 euros
Páginas: 192
A partir de 12 años

Por Miguel Luis Sancho

“La Isla de la Televisión” es el programa estrella de “La Cadena”, la única emisora que, en un futuro de ciencia-ficción, controla la vida de los ciudadanos. Su director y presentador, Cerebro Primero, acaba de poner en marcha la primera versión juvenil del afamado concurso.  Joaquín, un chico de 15 años al que le encanta pintar, quiere ir y ganar el dinero destinado al ganador para así cambiar su dura situación familiar. Su madre, por supuesto, se niega, pero no lo puede impedir. Así son las reglas del Sistema ideado por “La Cadena”.

            En helicóptero, en una escena impactante, Joaquín es arrojado sin miramientos al mar. El concurso ha dado comienzo y el protagonista tiene a toda costa que sobrevivir. Ya en la isla televisiva, conocerá a los otros concursantes de su misma edad, que han sido elegidos por poseer una cualidad en la que destacan: Pintor, Futbolista, Científica, Cantante,…  La isla, como el guión del programa exige, está llena de trampas y de pruebas que los concursantes deben ir superando, a la vez que descubren que están ideadas por una mente retorcida y malvada.

            La intención de la última novela de Fernández García es clara: criticar los “Reality Show”, que juegan con los  bajos instintos de las personas y potencian la vida falsa y simulada. Para ello, el autor desenmascara los trucos y artimañas de ciertos programas de televisión, que solo buscan la manipulación de los espectadores. El antídoto contra ella se encuentra en la libertad  individual y en la creatividad personal, que se esconde en el mundo interior de cada ser humano.

            Como otras obras del autor, la novela posee una estructura impecable, calculada al milímetro, que conduce al lector con acierto hasta la hermosa escena final, cargada de simbolismo, donde Joaquín elabora un dibujo con una goma de borrar a partir de un fondo negro.

            Los personajes, en general, están bien perfilados y son bastante creíbles, gracias a la marca o cualidad externa que los caracteriza. Entre los personajes, destacaría el rico mundo interior del protagonista Joaquín, que mantiene una relación especial con su padre muerto  hace años, a través de la pintura y la belleza.

            En cuanto al estilo de de la novela, la prosa de Fernández García es un buen ejemplo de LIJ de calidad, realizando un difícil equilibrio entre lo estético y lo funcional. El libro se lee con facilidad y con agrado, con el alma en un puño en las escenas de acción, pero también con el corazón encogido en  las escenas más descriptivas y emotivas.

            En definitiva, una buena novela de aventuras y de misterio, que no dejará indiferente al lector… ¡Bienvenidos al concurso!